La defensa de la Madre Tierra frente a la voracidad del capitalismo

La defensa de la Madre Tierra frente a la voracidad del capitalismo

El 22 de abril de cada año se celebra el día internacional de la Madre Tierra, una efeméride establecida desde el 2009 por Naciones Unidas. La fecha cobra relevancia porque convoca a los estados y la humanidad entera a asumir una responsabilidad colectiva para fomentar una relación de armonía con la naturaleza. Este llamado fue un eco de alerta acerca del peligro que entraña el actual modelo de desarrollo económico y social, que no solo pone en jaque la destrucción de los ecosistemas naturales, sino que, amenaza a todas las formas de vida en el planeta, incluyendo la especie humana.

El capitalismo como modelo de producción dominante se sustenta no solo en la explotación de la mano de obra de las clases trabajadoras, sino que, conlleva a una incesante extracción de recursos naturales. Se puede afirmar que el modelo capitalista es la causa estructural de todas las crisis que atraviesa la humanidad, siendo el cambio climático una de las crisis más complejas y que cuenta con escasos compromisos asumidos por los estados, las naciones y las personas.

El concepto de Madre tierra hace referencia a la concepción que admite que nuestro planeta tiene la excepcionalidad en todo el universo hasta ahora conocido de albergar la vida y por lo tanto existe una interdependencia entre ella, los seres humanos y todas las demás formas de existencia biológica. La Madre Tierra como una entidad viviente y sensible hace referencia a la necesidad de reconocerla como parte intrínseca de nuestro bienestar y sostenibilidad de la vida presente y futura.

El capitalismo como sistema contrario a la vida

El capitalismo representa un sistema humano que es contrario a la vida por basar su modelo de producción en la acumulación incesante de riqueza mediante la explotación indiscriminada de la naturaleza y del ser humano. En la teoría económica del capitalismo Karl Marx sintetiza de forma clara lo que implica este sistema de producción, define al capitalismo como “la explotación del hombre por el hombre”, aunque su crítica únicamente refleja una concepción antropocéntrica, el capitalismo va más allá, explota todas las formas de existencia, sean biológicas o no biológicas.

La forma en que hemos organizado los estilos de vida, los hábitos, los valores y vicios imperantes nos orientan hacia una irracionalidad de la existencia humana que amenaza nuestra única casa común. Nunca antes, la vida ha estado tan amenazada como ahora. El individualismo, la cultura del hiperconsumo, la relación nociva con la naturaleza, junto con una errónea concepción de superioridad como especie ha provocado que nos encontremos en un momento crucial que demanda con urgencia un cambio de conciencia y de conducta.

El modelo de consumo que los países desarrollados han establecido como estándar de calidad de vida para sus ciudadanos y como parámetros del desarrollo ha puesto en vilo el equilibro de la Tierra. Estas asimetrías sociales y económicas entre países ricos y empobrecidos provocan que los más vulnerables afronten las consecuencias con mayor desigualdad y por ende con más dificultad.

El agotamiento de lo recursos es inversamente proporcional a la voracidad con la que los explota el modelo de producción capitalista. El panorama medio ambiental es alarmante, contamos océanos llenos de plásticos, grandes extensiones de bosques desaparecidos, centenares de especies extintas y otras en peligro, ciudades amenazas y entornos de vida hostiles no solo para los seres humanos, también para el resto de animales que resultan ser más vulnerables.

Los grandes problemas estructurales presentes en la sociedad actual son consecuencia directa e indirecta de una concepción sistémica desconectada de una ética de la vida. La evolución del capitalismo atraviesa diversas etapas históricas, que según la crítica marxista empieza con la acumulación originaria de la riqueza, los procesos coloniales, la industrialización y el imperialismo.

Hacia una nueva ética de la existencia

La crítica al capitalismo no solo debe centrarse en la contradicción capital- trabajo como se ha venido haciendo desde Marx, sino en la contradicción de capital-naturaleza, lo que permite separarnos de la dominante concepción antropocéntrica y situarnos en un paradigma ecocéntrico que permita el reconocimiento e interdependencia de la naturaleza como condición necesaria para sostener la vida.

Este cambio de concepción de nuestra relación con la naturaleza implica encaminarnos hacia una nueva ética de la existencia, dialogar con las cosmovisiones de los pueblos originarios, basados en la sostenibilidad, el respeto y equilibrio con el entorno. Pero asumir esta postura no debe ser una moda o una estratagema del propio capitalismo, implica un compromiso político, cultural y social que sitúa a los estados, las empresas y a las personas como protagonistas.

Para finalizar se puede afirmar que el capitalismo es un sistema de negación de la vida, se opone a la renuncia de los privilegios exclusivos de ciertas naciones, élites y personas que dañan el planeta. El capitalismo no es compatible con la igualdad, ni con la justicia, por lo tanto, no es un sistema viable para todos.

Por otra parte, la Madre Tierra requiere de una relación más sensible que desplace la racionalidad instrumental que la explota bajo una concepción ilimitada del planeta. La voracidad del capitalismo nos ha dejado un planeta moribundo, que agoniza mientras no se asuman compromisos urgentes y de una sólida voluntad política en todos los niveles.

Máster Jonathan Flores Martínez, docente e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN- Managua.

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