Adolfo Pastrán Arancibia (*)
Este 10 de enero de 2026, el presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Dr. Ovidio Reyes, compareció ante el pleno de la Asamblea Nacional para presentar una radiografía socioeconómica que trasciende la simple rendición de cuentas: el “Informe Económico de los 19 años del Pueblo Presidente”.
Este documento no solo detalla el cierre exitoso del año 2025, sino que ofrece una panorámica integral de casi dos décadas de gestión bajo el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, liderado por los Copresidentes de la República, Daniel Ortega y Rosario Murillo. Para entender el presente económico de Nicaragua, es imperativo mirar por el “espejo retrovisor”. El éxito actual es el resultado acumulado de una estrategia de largo plazo iniciada con el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y el Desarrollo Humano.
Como bien señaló el titular del BCN, el objetivo central ha sido la “generación de riqueza para la reducción de la pobreza”, priorizando la inversión en infraestructura social y productiva. Hace 19 años, Nicaragua enfrentaba un retroceso estructural y una pobreza en crecimiento; hoy, al iniciar 2026, la estabilidad macroeconómica y financiera son realidades consolidadas, totalmente opuestas. El sistema neoliberal privilegiaba a los grandes capitales; el modelo Cristiano, Socialista y Solidario del FSLN privilegia a los pobres, a las familias nicaragüenses.
Radiografía del éxito: resiliencia en 2025
Es realmente una gran proeza la recuperación sostenida del crecimiento económico, remontando y dejando atrás el impacto provocado por la intentona golpista del 2018. Aquellos sucesos provocaron pérdidas de empleos, caída del PIB, aumento de la inflación y graves afectaciones al comercio nacional e internacional, al turismo, así como daños a la propiedad privada e instituciones gubernamentales, perdiendo recursos valiosos que debían dirigirse al combate a la pobreza.
Superando ese desafío, el año 2025 cerró como una prueba irrefutable de la resiliencia nicaragüense. En un contexto global volátil, la economía nacional logró un crecimiento acumulado del 4,9%. Mientras otras naciones luchan por la recuperación, Nicaragua mantiene un ritmo de expansión robusto.
El indicador más revelador es la transformación del sector externo. En 2006, el país cargaba con un déficit de cuenta corriente del 13.1% del PIB, síntoma de vulnerabilidad crónica. Para 2025, esta ecuación se invirtió logrando un superávit superior al 7% del PIB. ¿La clave? La capacidad exportadora, que pasó de US$ 2.007,8 millones en 2006 a la cifra récord de US$ 8.678,3 millones en 2025, cuadruplicando la generación de divisas.
Este salto es consecuencia directa de las políticas de incentivo a miles de pequeños y medianos productores, la efectividad de programas como Hambre Cero, Usura Cero y Adelante, y el respaldo al modelo cooperativo y Mipymes. A esto se suma la confianza internacional: la Inversión Extranjera Directa (IED) superó los US$3,000 millones en 2025, validando un entorno de seguridad jurídica reconocido por calificadoras de riesgo como Moody’s, S&P Global y Fitch Ratings.
Fortaleza monetaria y disciplina fiscal
Ningún crecimiento es sostenible sin orden. El informe del BCN destaca una gestión ejemplar:
Disciplina fiscal: El saldo fiscal pasó de un precario 0,1% del PIB en 2006 a un ahorro del 2,4%. Más notable aún, la deuda pública se redujo del 86,9% al 51,7% del PIB. A diferencia de otras economías que sacrifican inversión social para pagar deuda, Nicaragua ha liberado recursos para redirigirlos a educación, salud e infraestructura.
Defensa del córdoba: La política de tasa de reducción del 0% frente al dólar ha funcionado como un ancla nominal efectiva, reduciendo la inflación al 2,70%, la más baja de los últimos años, protegiendo así el poder adquisitivo de los hogares.
Blindaje financiero: Las Reservas Internacionales Brutas (RIB) pasaron de US$ 924 millones en 2006 a un récord histórico de US$ 8,325 millones en 2025. Esto permite cubrir 3,6 veces la base monetaria, blindando a la economía ante choques externos.
El impacto social y la economía real
La macroeconomía carece de sentido si no se traduce en bienestar tangible. Se debe destacar que, bajo el gobierno sandinista, el crecimiento económico no es un fin en sí mismo, sino un medio para servir a la persona. No se trata de acumular capital, sino de garantizar la primacía del ser humano sobre el mercado, por eso estos logros son trascendentales. El modelo nicaragüense ha demostrado que el crecimiento y la justicia social son indivisibles, rompiendo con la vieja “teoría del derrame” neoliberal para aplicar una redistribución directa de la riqueza.
La prueba de esta redistribución se refleja en el PIB per cápita, que saltó de US$ 1,224 por habitante en 2006 a US$ 3,017 en 2025. Este aumento del ingreso se correlaciona con la reducción de la pobreza general (del 48,3% al 24,9%) y la pobreza extrema (del 17,2% al 6,9%).
Además, datos recientes del INIDE a diciembre 2025, confirman mejoras cualitativas en la vida diaria: el Índice de Hacinamiento nacional bajó al 8,5% en 2024 (una reducción de 2,2 puntos respecto a 2023) y el Índice de Vivienda Inadecuada disminuyó, evidenciando mejores condiciones en la infraestructura habitacional.
Esta dignificación humana incluye la restitución de derechos esenciales: agua, saneamiento, electricidad, salud y educación gratuitas, y empoderamiento de la mujer; derechos negados durante la colonización española, los gobiernos oligárquicos conservadores y el somocismo, y restituidos por la voluntad política del Frente Sandinista.
Un ejemplo clarificador es la cobertura eléctrica. En 1954, tras 16 años de dictadura somocista, apenas el 35% de la población tenía luz. Entre 1990 y 2006, durante los 16 años de gobiernos neoliberales, a cobertura solo llegó al 54%. Sin embargo, entre 2007 y 2025, el Frente Sandinista la expandió hasta el 99,73% de la población.
Proyecciones 2026: un futuro de certidumbre
Nicaragua inicia 2026 con perspectivas alentadoras. El BCN proyecta un crecimiento entre el 3,5% y el 4,5%, con una inflación controlada entre el 2,5% y el 3,5%.
La estabilidad se sustenta en un Estado que no solo regula, sino que facilita. Se mantendrán los subsidios estratégicos (energía, transporte, agua, combustible) que alivian la economía familiar, junto con una situación de pleno empleo (desempleo proyectado entre 3.0% y 3.5%).
El informe del Dr. Ovidio Reyes confirma que Nicaragua impulsa un modelo de éxito donde la economía de libre mercado coexiste con un Estado que garantiza la estabilidad y el bien común. El país ha demostrado tener las fortalezas para mitigar imprevistos y, sobre todo, ha consolidado a la paz como su mayor activo económico.
Nicaragua entra al 2026 no solo con números azules, sino como un verdadero Estado de Bienestar que dignifica la calidad de vida de las familias nicaragüenses.
(*) Diputado de la Asamblea Nacional.