Jornada Dariana 2026, estética de paz, esperanza y progreso.
La esencia poética de Darío en la juventud

La esencia poética de Darío en la juventud

Emilio Zambrana (*)

“159 Años de su Nacimiento, Su llegada a este Mundo, ese Ser Humano Grande, Extraordinario, Misterioso, Alba de Oro, Vida Eterna de los Pueblos”. (Rosario Murillo Zambrana, Copresidenta de Nicaragua).

La temprana y joven poesía de Rubén Darío (18 de enero 1867-6 de febrero 1916), fue un motor decisivo para la renovación estética a través del Modernismo, introduciendo una profunda transformación al incorporar la musicalidad, el exotismo, el cosmopolitismo y una esplendorosa sensorialidad (color, luz, fragancia, musicalidad) inspirada en corrientes francesas para crear una belleza autónoma, distanciándose del Realismo y elevando el lenguaje poético con nuevos ritmos y léxico, marcando el inicio de una literatura hispanoamericana moderna con obras como Azul…, publicado con tan solo 21 años de edad en 1888.

De allí inicia su sólida presencia y legado en la juventud que perdura con su inmortalidad. Este año 2026, en el cual rendimos tributo al Héroe y Prócer de la Independencia Cultural de Nicaragua, el Príncipe de las Letras Castellanas, Rubén Darío, en su 159 aniversario de su natalicio y el 110 aniversario de su tránsito a la inmortalidad, la juventud constituye un faro que alumbra el porvenir.

Su obra Azul… es considerada el punto de partida del Modernismo, movimiento que buscaba la renovación y experimentación formal, absorbiendo y adaptando la estética francesa, especialmente el Parnasianismo (búsqueda de la perfección formal, lo exótico) y el Simbolismo (musicalidad, proposición), al elevar “el arte por el arte”, rechazando lo utilitario y enfocándose en la creación de belleza a través de un lenguaje refinado, sensual y cosmopolita.

Rubén Darío introdujo versos menos comunes (alejandrinos, dodecasílabos) y enriqueció la métrica y el ritmo, dotando a la poesía de una armonía única. Utilizó abundantemente el color, la luz, fragancias verbales y la musicalidad, creando imágenes vívidas y evocadoras que apelaban a todos los sentidos, lo que caló profundamente no solo en estudiosos de la literatura, sino en una juventud que apreció desde esa época su sensibilidad, su humanismo y su amor.

Con una impecable originalidad, Darío también reafirmó no sólo la identidad cultural de nuestra Nicaragua bendita y siempre libre, sino de América Latina, integrando elementos propios en su visión universal. Esos elementos claves como la musicalidad (al decir de Verlaine: “la música ante todo”), le dieron importancia a la armonía en el ritmo de sus versos en su temprana poesía.

Con un léxico exquisito, cromático y sensorial, con neologismos y cultismos que renovaron el idioma poético, Darío no solo renovó la poesía en lengua española, sino que lideró una revolución estética que abrió camino a las vanguardias, transformando la literatura hispanoamericana y universal.

Fuente de inspiración en la juventud

Rubén Darío es una fuente de inspiración para la niñez y la juventud en todo el sentido de la palabra, desde quienes como jóvenes se dedican a escribir sus versos inspirados en su legado, así como en sus temáticas poéticas llenas de contenido social, humanismo, elogio a la paz; y repudio a quienes se han dedicado a tratar de deshacer nuestra nicaraguanidad.

Desde el modelo educativo de Nicaragua, se ha venido promoviendo su obra en los jóvenes con ese azul intenso, ese azul que Rubén nos heredó en principios, en valores, en derechos, y su pensamiento que se concreta cada día en las victorias del pueblo, recordándolo como un ejemplo de lucha, dignidad y valentía.

Rubén Darío dejó un gran legado a los jóvenes, al denunciar -con su poesía- al invasor y a los pusilánimes de su época y a los de ahora. La conciencia de los jóvenes eleva su sentido de responsabilidad, la cual se encuentra en su poesía, porque Darío amó a su patria y enseñó a la juventud, a honrarla y defenderla. Hoy lo recordamos como un ser maravilloso que la vida nos regaló y que tuvimos la dicha de que naciera en esta Nicaragua que se ha convertido en tierra de poetas.

La poesía tiene beneficios enormemente significativos para los niños y jóvenes, apoyando el desarrollo de su confianza, la capacidad de procesar emociones y comprender otros puntos de vista, todas habilidades importantes para preparar a la niñez y a la juventud a tener éxito en la vida.

Su poesía es vigente porque, más allá de su revolucionario modernismo y cadencia, aborda temas universales como la fugacidad de la vida (“Juventud, divino tesoro”), la búsqueda de ideales, el compromiso social y político, y la identidad, inspirando a nuevas generaciones a usar el arte como voz de resistencia y reflexión sobre la condición humana y su contexto, siendo un puente entre la nostalgia y la búsqueda de sentido humano, patriótico, con sensibilidad y conciencia social.

Poemas como “Canción de otoño en primavera” reflejan no solo la melancolía por el tiempo que se va, un sentimiento común en la transición de la juventud a la madurez, sino también el sentido de reflexión para alcanzar la madurez y enfrentar los retos y desafíos de la vida. Darío desafió las normas literarias, inspirando a jóvenes creadores a innovar y encontrar su propia voz artística, como se ve en su renovación del verso.

El compromiso social y político en Darío es asumido por la juventud nicaragüense, que se ha entregado a causas sociales, de lucha desde tiempos inmemoriales. En su obra, nuestro Poeta Universal denuncia la injusticia y al imperialismo, ofreciendo un modelo de poeta comprometido con su pueblo y con causas mayores, un eco para jóvenes comprometidos con la lucha por la paz.

Su figura y talento lo convierten en un símbolo de orgullo cultural y artístico, motivando a jóvenes escritores y artistas a soñar en grande y trascender fronteras. Su voz perdura y toca el alma de las nuevas generaciones, gracias al intenso trabajo cultural del Frente Sandinista de Liberación Nacional, primero desde la clandestinidad y luego desde un Gobierno de y para la juventud.

¿Qué legado dejó Rubén Darío en la juventud?

Rubén Darío nos dejó un legado de magnifica poesía, legado de lucha, porque en gran cantidad de sus poemas está plasmado el compromiso de luchar contra el odio y la guerra. Su poesía sigue viva porque habla de las pasiones, desengaños, luchas y sueños que, aunque vistos a través de su tiempo, son intrínsecamente humanos y eternos, conectando profundamente con el corazón de los jóvenes lectores y creadores.

“¡Mas es mía el Alba de oro!”, es el verso final y enigmático del famoso poema “Canción de otoño en primavera” de Rubén Darío, que cierra su reflexión sobre la fugacidad de la juventud, el amor perdido y el desencanto, ofreciendo un atisbo de esperanza o quizás un amor único e idealizado que queda como posesión personal en el ocaso de la vida, pero grande y significativo para nuestra juventud.

La esencia poética de Darío en su juventud es la de un alma inquieta, que explora el mundo de la belleza y el amor con una sensibilidad desbordante, creando un universo lírico de gran musicalidad y color, pero siempre marcada por la conciencia de que ese paraíso efímero está condenado a desaparecer, un sentimiento que se convirtió en pilar del Modernismo.

El legado de Rubén Darío se mantiene vigente para la juventud porque su obra trascendió la poesía, convirtiéndose en símbolo de identidad nacional. Por otro lado, el estilo innovador de Darío en Azul… y Prosas Profanas crearon el Modernismo, abriendo caminos para la expresión artística y la belleza, siendo un referente para jóvenes escritores, así como la identidad y patriotismo: es un icono de Nicaragua, un ejemplo de dignidad y valentía que inspira orgullo nacional y amor a la patria, especialmente por su defensa de la soberanía frente a intervenciones extranjeras.

Su poesía con voz antiimperialista, denunciaba la injusticia y el expansionismo, como en “A Roosevelt”, conectando con las luchas actuales por la justicia social y la autodeterminación, siendo un ejemplo de cómo la literatura puede ser un arma de crítica; y su versatilidad como periodista, diplomático y poeta, junto a su genio creativo, motivan a los jóvenes a explorar la riqueza del lenguaje y a desarrollar su propia voz artística.

En resumen, la juventud actual se inspira en Rubén Darío no solo como el Padre del Modernismo, sino como un patriota y revolucionario cuyo legado literario y de pensamiento sigue siendo un faro para la defensa de la cultura, la justicia y la identidad para la juventud nicaragüense.

(*) Poeta, escritor y periodista.

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